jueves, 19 de agosto de 2010

El Programa Parques Urbanos y su Reedición Bicentenaria

(julio 2009)

por Pía Montealegre Beach

1. El Programa del retorno a la democracia

El Programa de Parques Urbanos es diseñado por el Ministro de Vivienda Alberto Etchegaray en el año 1990, durante el gobierno de Patricio Aylwin. En el mismo año se constituía por primera vez la Comisión para la Descontaminación de la Región Metropolitana, que mencionaría en ese marco la importancia de incrementar las superficies de áreas verdes. El país contaba con altos índices de pobreza (38%) (Segovia 2006) que se extendía en vastos territorios de paisaje degradado fruto de las políticas de vivienda social extensivas y netamente cuantitativas llevadas a cabo por el gobierno militar. Las urbanizaciones con fines sociales se caracterizaban por una reducida superficie de espacios privados, una baja calidad de los espacios colectivos y la casi nula dotación de espacios públicos para el esparcimiento. En consecuencia, el espacio urbano reflejaba la inequidad y segregación que sufría la sociedad.

El Programa consistió en una iniciativa fundamentada principalmente en la inversión, mediante el cual se construyeron una serie de parques inicialmente en la Región Metropolitana y a partir del año 2001 también en regiones. Como respuesta a tres problemas clave de la ciudad: la segregación, el medioambiente y el deterioro físico de los barrios, el programa privilegiaría terrenos ubicados en sectores de bajos ingresos. En 1993 el programa tendría su primera pieza fundacional con el emblemático Parque La Bandera, de 14,9 Hª (Laborde 2006). El Programa conseguiría un considerable logro social, al reparar entornos degradados, mejorar la integración social en el acceso equitativo a la recreación, y produciría un indiscutible incremento en la calidad de la vida y del paisaje periféricos. Desarrollada en las postrimerías del siglo XX, fue una estrategia innovadora, al incorporar el tema medioambiental a la agenda urbana con una componente de participación ciudadana incipiente. Hasta 2003 el programa había logrado la construcción de 163 Hª de parques.

martes, 21 de julio de 2009

Sobre la forma de la ciudad


por Alberto Montealegre Beach


Preguntar por cuáles serían las características que nos permiten hablar de la «forma» de un objeto no es asunto trivial. Cuando decimos que algo es simple o complejo ya estamos aludiendo a la forma de esa cosa. La simplicidad sería aquella forma que podemos reconocer —como si se tratara de un volver a ver, como si la naturaleza nos adelantara la clave para entender su totalidad, la clave para discriminar entre lo esencial y lo accidental, para decidir qué debe estar primero y qué después, para el orden. Con aquello que llamamos complejo, por el contrario, no es que no podamos ver al todo, pero la decisión sobre qué es lo importante y qué lo superfluo en él queda en espera.
Desde un punto de vista estético (sea éste el de un artista o el de un científico), los objetos simples son una suerte de triunfo intelectual (y, tal vez por ello, muchas veces aburridores); los objetos complejos, en cambio, son sobre todo el resultado de un intento fallido, un enigma por superar o un misterio que desanima. Podríamos decir que «la naturaleza» es el nombre más antiguo de aquella idea del desafío: el desafío de la forma por desocultar, por describir, por «reconocer». Pero sucede que también el mundo de los objetos artificiales puede ofrecernos un desafío equivalente. No obstante se trate de nuestras creaciones, aveces éstas se escapan a nuestro control como si la naturaleza recuperara en ellas el manejo misterioso de sus procesos internos. Se escapa la forma; pero ahora no porque no sepamos cuál es la causa de su apariencia. Se escapa la forma porque descubrimos que no sabemos del todo de qué depende el que algo tenga eso que llamamos forma.
La ciudad es uno de estos objetos complejos. ¿Cuál es la forma de ciudad? El objeto más grande construido por el hombre, ¿es el mero resultado de un proceso de acumulación de las construcciones o también obedece a un conjunto de reglas; a un cierto estilo del acumular edificios, calles, plazas, instalaciones? Los arquitectos desean poder diseñar la ciudad, pero no se da forma a una ciudad como a un edificio, ni se la usa del mismo modo.


 A pesar de su fuerte rendimiento figurativo, las metáforas biológicas ...

Terremotos e identidad

por Alberto Montealegre Beach

publicado el Revista CA, Nº 126 /Sep. 2006


Cuando pensamos la obra de arquitectura chilena desde la perspectiva de la técnica, el diseño arquitectónico se muestra hoy en una doble condición, contradictoria y problemática. Una, es su raíz moderna que le exige conciencia analítica, y la otra es su sentido opuesto, es decir, su alienación posmoderna. En la condición que llamamos moderna, la técnica es la cuestión esencial que define el diseño no sólo formal y plásticamente, sino también moralmente. Los Cinco Puntos de una nueva arquitectura de Le Corbusier (1926) —la casa sobre pilotis, la planta libre, la fachada independiente de la estructura, la terraza jardín, la ventana alargada—, pueden ser principios de una nueva sintaxis arquitectónica sólo porque el dominio virtuoso de la técnica del hormigón armado y el acero los ha facultado. Para el arquitecto moderno, el arte de construir con los nuevos materiales disponibles al inicio del siglo XX no sólo es esencial en un sentido práctico, sino que se le ha impuesto como algo que debe ser manifestado expresivamente en la forma vanguardista de esos Cinco Puntos.

En la condición que llamamos posmoderna, en cambio —e incluso en la que hoy podemos llamar “sobremoderna”—, la técnica parece más bien ocultarse al arquitecto para convertirse más en una cuestión de fe que de conocimiento. Porque no es el resultado de una educación moderna la afirmación, frecuente incluso entre los profesores de las escuelas de arquitectura, hoy todo se puede hacer, todo se puede solucionar. Esta declaración, no siempre formulada en forma explícita, es apenas verdadera si por la técnica entendemos todo aquello que respalda la imagen que media entre nosotros y la posibilidad de la vida cotidiana. Es técnica la vida en el piso veinte de un edificio, el desplazamiento subterráneo en el Metro y la llamada telefónica por un celular. Si no es necesario para vivir el saber qué hay detrás del papel mural o detrás de los botones del celular, tampoco es necesario que los principios técnicos se expresen en la forma. La fe en la técnica contemporánea es la fe en la caja negra: lo que hay en su interior ha sido hecho por los que «saben» y su validez se prueba en el uso o en su eliminación. En el ejercicio profesional posmoderno de la arquitectura, son la división disciplinaria de los proyectos (ingeniería estructural, instalaciones mecánicas, eléctricas, etc.) y un mercado internacional de sistemas constructivos industrializados los que han contribuido a generar una práctica del diseño arquitectónico limitado a la envolvente externa de cajas negras. Al arquitecto «de fe» le viene ocurriendo algo similar que al diseñador de teléfonos celulares, o al de aspiradoras, o al de barras de desodorante: su «mérito» queda relegado a la evocación fantástica de una envolvente exterior, aunque de tamaño regio.

El problema de la reducción del diseño arquitectónico a cajas negras es que sólo ...

lunes, 9 de marzo de 2009

Parque Metropolitano de Cerrillos (ex Portal Bicentenario) - El Paisaje como Proyecto Público

por Pía Montealegre Beach
La reconversión de los terrenos de un aeropuerto inserto en la ciudad en un nuevo proyecto urbano cargado de espíritu innovador y ampliamente dotado de áreas verdes, ofrecen una posibilidad irrepetible para la arquitectura. La tarea de diseñar el parque central con 50 hectáreas de extensión cobra especial relevancia en una ciudad cuya infraestructura verde es apenas suficiente.
1. Introducción

Desde los primeros bosquejos para el Concurso, se reconocían tres condiciones que hacían enfrentar el diseño de este parque como un proyecto especialmente público: Primero, la escala metropolitana del proyecto, segundo, la economía en los recursos y tercero, el anonimato del futuro usuario. La primera condición de escala metropolitana, repercute en la proporción de las decisiones de diseño. Por esto se debía trabajar con grandes operaciones formales para estructurar un espacio de enormes dimensiones. A esto se sumaba la dificultad de que el terreno está cortado por calles formando cuatro manzanas, por lo que a pesar de ser urbanamente un solo paño, la división vial podía terminar repercutiendo en que el proyecto se redujera a una sumatoria de cuatro parques aledaños de tamaño mediano. El parque debía mantener esa escala y esa dimensión que se leía claramente al visitar la pista de aterrizaje cuando aún estaba operativa. Su tamaño debía ser considerado como un patrimonio a cautelar para la ciudad de Santiago.